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My comfort zone

Staying in my comfort zone has always been the easiest option, and I have tried to extend my stay in this zone as much as possible. I'm not a fan of speed, I don't care about fancy cars, and for that reason, I was never interested in learning how to drive. I grew up in Bogotá, and my family didn't have a car when I was growing up. I didn't see the need to have a car because I always used public transportation. When I was 27, I moved to Germany, and I could manage my life using my bike. Then, when I moved to Switzerland, I could always commute to work by train, and my husband was the one who drove the car when we needed to travel or go shopping. However, when I got pregnant and had my daughter, I realized that having a car makes life easier when you have children. In 2019, I decided to get a Swiss driving license. I started in January 2020 with the first aid course, which was just one day and very easy-going. Two months after the first aid course, the COVID pandemic star...

Huesitos y Kiko

  Ahora que soy mamá hay cosas que me aterran un poco y me hacen pensar y admirar más a mis padres. Al ver a mis hijos crecer y ver como su personalidad y carácter se forman, me hacen recordar la niña que fui y todos los retos que he tenido que vivir y de lo que le espera a ellos. Hay cosas como padres que no podemos controlar 100%, y así me esfuerce al máximo no puedo evitar que mis hijos no vayan a recibir ningún sufrimiento en la vida, es parte de lo que ellos deberán aprender y que les enseñará a madurar y crecer. Aun así, me asusta mucho al ver como en los colegios los niños son víctimas de matoneo y solo espero tener una buena comunicación con mis hijos para que ellos se sientan en la capacidad de confiarme sus tristezas y alegrías, y que yo este allí para poder escuchar y ayudar. El matoneo puede ser una experiencia traumática en la mayoría de los casos, pero a mí me trajo una amiga del alma a la que quiero como una hermana. No es que pretenda romantizar el matoneo c...

El frio y yo

  El frio y yo   El frio, ese helado viento que golpea mi cuerpo aun llevando abrigos y ropa térmica, es algo a lo que nunca me he podido acostumbrar desde que vivo en Europa. Normalmente muchos de los que he conocido, provenientes de esta parte del mundo dicen: “No es cuestión de frio, es cuestión de ropa adecuada”, pues eso no aplica para mí, puedo llevar ropa de invierno y aún tengo frio. Pero no es algo que deba culpar exclusivamente al invierno, quizás soy yo y mi aversión al frio. Crecí en Bogotá, o como muchos de mis compatriotas la llaman “la nevera” y en las mañanas la temperatura de mi ciudad no supera los 8 o 10 grados centígrados, los cuales no son muy lejanos a los grados que se han registrado en el invierno de los últimos dos años en Suiza, donde el calentamiento global y la escasa nieve ha dejado un mal sabor de boca a los amantes del invierno. Este fenómeno climático, el cual merece ser estudiado y analizado por expertos, no es lo que quiero contar, y...

El feto y yo

La siguiente historia fue publicada en la primera edición del concurso de cuentos Caperucita feroz de 2017. El fin de semana fui a ver una película de cine animado, la cual me recordó un episodio de mi niñez. La historia se desarrollaba en India y contaba como una pequeña niña rompía sin querer un precioso reloj, el cual era un tesoro para su padre.  Pues bien, a mí me paso algo muy similar cuando tenía alrededor de seis años en 1990. Mi padre era para ese entonces profesor de la catedra de comportamiento y salud en un colegio de la congregación de hermanas de la caridad de santa Ana, donde mis otras dos hermanas mayores y yo estudiábamos. Yo me encontraba en prescolar y mis hermanas Andrea y Liliana en quinto y décimo grado respectivamente.  Las clases de mi padre, de las cuales Liliana era alumna, se caracterizaban por explicarles a las adolescentes todo lo referente a la educación sexual y la convivencia en valores, que el colegio de señoritas de bien debía incluir en su cu...