Ir al contenido principal

El frio y yo

 

El frio y yo

 

El frio, ese helado viento que golpea mi cuerpo aun llevando abrigos y ropa térmica, es algo a lo que nunca me he podido acostumbrar desde que vivo en Europa.

Normalmente muchos de los que he conocido, provenientes de esta parte del mundo dicen: “No es cuestión de frio, es cuestión de ropa adecuada”, pues eso no aplica para mí, puedo llevar ropa de invierno y aún tengo frio. Pero no es algo que deba culpar exclusivamente al invierno, quizás soy yo y mi aversión al frio.

Crecí en Bogotá, o como muchos de mis compatriotas la llaman “la nevera” y en las mañanas la temperatura de mi ciudad no supera los 8 o 10 grados centígrados, los cuales no son muy lejanos a los grados que se han registrado en el invierno de los últimos dos años en Suiza, donde el calentamiento global y la escasa nieve ha dejado un mal sabor de boca a los amantes del invierno.

Este fenómeno climático, el cual merece ser estudiado y analizado por expertos, no es lo que quiero contar, ya que desafortunadamente no soy experta en el área y como residente de este planeta trato aveces de mirar hacia otro lado y pensar egoístamente que eso no me toca a mí.

Cuando era niña y me encontraba en la primaria el frio en las mañanas me producía terror, llegaba muy temprano al colegio antes de las 7am con mi padre y mis hermanas, quienes a esa hora iniciaban clase, mientras yo debía esperar alrededor de una hora para el inicio de mi jornada escolar.

Pero no era una tortura siempre, otras niñas al igual que yo llegaban más temprano y era tiempo extra para juegos o para hacer la tarea que habíamos olvidado el día anterior.

Una de esas frías mañanas, en las que ninguna de mis compañeras había llegado temprano, sentí que la soledad y el frio del momento me dolían y debía hacer algo al respecto.

Una de las ventajas de estudiar en el mismo colegio en el que mi padre trabajaba, era que podía contactarlo fácilmente en caso de ayuda o auxilio, pero también se tornaba como un problema cuando alguno de los maestros tenía una queja hacia mi o hacia mis hermanas.

Ese día el frio me obligaba a buscar a mi padre, necesitaba con urgencia un chocolate caliente o por lo menos un café con leche para que mi cuerpo entrara en calor.

Primero decidí ir a la sala de maestros, donde quizás mi padre se podría encontrar antes de ir a clases o estaría corrigiendo exámenes, al llegar allí y preguntar por él, me dijeron que no estaba y que ya había iniciado clases.

Mi padre nos tenía prohibido interrumpirlo en clases, solo si se trataba de una emergencia teníamos permitido hacerlo y con 7 años de edad sabía que esto no era una emergencia. Un poco decepcionada salí hacia el patio de primaria con la esperanza de conseguir algún refugio.

Cuando iba caminando hacia mi destino, una monja me vio y me preguntó el porqué de mi mala cara, yo le comenté que buscaba a mi padre, porque tenía mucho frio y quería una bebida caliente para entrar en calor.

Aquella monja, quien era profesora de Liliana y colega de mi padre, me dijo que la siguiera que ella me podía ayudar, sin preguntar y con mucho frio, la seguí.

En aquel colegio de monjas, ciertos lugares están prohibidos para alumnas, y a raíz de esas reglas, han nacido historias como la monja sin cabeza, cuyo espíritu aun habita esos lugares prohibidos del colegio.

Esa mañana, cuando aquella monja gordita y de risa nerviosa me dijo que la siguiera, nos dirigimos hacia los sitios prohibidos para las niñas y rápidamente me di cuenta que eran los apartamentos de las monjas.

Al llegar al último piso pude empezar a oler un rico aroma de chocolate caliente y pan recién horneado, fue así como llegamos a la cocina de las monjas, al entrar a esa gigantesca cocina, recuerdo haber pensado que parecía la cocina de la realeza, nunca en mi vida había visto tanta comida junta, y descubrí la razón del porque casi todas las monjas son gordas.

Me senté en una mesa, y aquella amable monja me brindó chocolate caliente con croissant, recuerdo que al probarlos me sentí viva nuevamente y el calor volvió a mi cuerpo y alma.

Nunca he vuelto a ver una cocina de ese tamaño ni la cantidad de comida que vi esa vez; con gran abundancia de frutas, verduras, pastelería y gigantescos refrigeradores que asumo se encontraban llenos de comida.

En ese momento pensé que el ser monja era un buen futuro, con mucha comida y caminar sin restricción por los sitios prohibidos del colegio, sin embargo ese fugaz deseo no duro mucho en mí para desgracia de mi padre, quien siempre añoró que alguna de sus hijas se convirtiera en monja.

Después de esa aventura en la cocina de las monjas y contarle a mis compañeras y familia lo que había pasado, me sentí muy afortunada al darme cuenta que conocía algo que muchos ignoraban, mis papas se reían al contarles como me habían llevado a la cocina de las monjas y quizás con algo de vergüenza al imaginar que aquella monja pensaría que no me daban desayuno en casa.

Ahora que se acerca el invierno, añoro un buen chocolate caliente, Suiza puede ser el país de los chocolates, pero no es el país del chocolate caliente que me tomaba en mi niñez, por fortuna lo tengo en casa y siempre será un buen acompañamiento para enfrentar un duro invierno.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Für Joas

  Für Joas   Hace unos meses fui al zoológico de Basel con mi familia. No soy particularmente amante de los zoológicos, pero desde que soy mamá, el zoológico ha sido un destino muy especial para mis hijos, pues lo quieren visitar frecuentemente. Uno de los sitios que más me conmueven en el zoológico, es la casa de los gorilas, chimpancés y monos. Me conmueve porque puedo ver la tristeza y melancolía en las caras de estos animales, especialmente en los gorilas y chimpancés. Sus expresiones son tan parecidas a la de los humanos que a simple vista uno puede darse cuenta de que no quieren estar allí. Ese día en específico, encontré algo perturbador, la gorila Joas se encontraba de espalda en su vitrina y llevaba en sus brazos el cadáver de su bebé, quien al parecer había nacido muerto. Joas no quería dar la cara al mundo, simplemente quería estar allí de espalda, casi escondiéndose con su bebé, al que no quería decir adiós. Aquella imagen me afectó de inmediato, pues ent...

Migrar: una nueva vida

  ¿Cómo se empaca una vida en una maleta? ¿Cómo se empieza de cero sin dudar si es la decisión correcta? Migrar es un conjunto de dudas, una serie de decisiones que a veces pesan; es dejar a la familia y amigos atrás, es extrañar cada reunión, cada fiesta, cada cumpleaños al que no vamos a estar con esa persona y preguntarnos si la vamos a abrazar otra vez. Hoy, hace 14 años decidí emigrar a Alemania, inicialmente por una maestría de dos años, que, por circunstancias de la vida, hicieron que mi estancia se prolongara hasta optar por una residencia permanente. Después de un par de años en Alemania, decidí volver a emigrar y construir una vida en Suiza. Hace 14 años no lo pensé mucho, quizás la juventud y el hecho de que no tenía mucho que perder, sumado a las ansias que tenía por descubrir el mundo, me hizo dejar mi país más fácilmente de lo que hoy a mis 40 años sería más complicado de enfrentar. Cuando emigré, entendí que la vida en mi país siguió sin mí, que las distancias física...

Huesitos y Kiko

  Ahora que soy mamá hay cosas que me aterran un poco y me hacen pensar y admirar más a mis padres. Al ver a mis hijos crecer y ver como su personalidad y carácter se forman, me hacen recordar la niña que fui y todos los retos que he tenido que vivir y de lo que le espera a ellos. Hay cosas como padres que no podemos controlar 100%, y así me esfuerce al máximo no puedo evitar que mis hijos no vayan a recibir ningún sufrimiento en la vida, es parte de lo que ellos deberán aprender y que les enseñará a madurar y crecer. Aun así, me asusta mucho al ver como en los colegios los niños son víctimas de matoneo y solo espero tener una buena comunicación con mis hijos para que ellos se sientan en la capacidad de confiarme sus tristezas y alegrías, y que yo este allí para poder escuchar y ayudar. El matoneo puede ser una experiencia traumática en la mayoría de los casos, pero a mí me trajo una amiga del alma a la que quiero como una hermana. No es que pretenda romantizar el matoneo c...