Für Joas
Hace unos meses fui al zoológico de Basel con
mi familia. No soy particularmente amante de los zoológicos, pero desde que soy
mamá, el zoológico ha sido un destino muy especial para mis hijos, pues lo
quieren visitar frecuentemente.
Uno de los sitios que más me conmueven en el zoológico,
es la casa de los gorilas, chimpancés y monos. Me conmueve porque puedo ver la
tristeza y melancolía en las caras de estos animales, especialmente en los
gorilas y chimpancés. Sus expresiones son tan parecidas a la de los humanos que
a simple vista uno puede darse cuenta de que no quieren estar allí.
Ese día en específico, encontré algo
perturbador, la gorila Joas se encontraba de espalda en su vitrina y llevaba en
sus brazos el cadáver de su bebé, quien al parecer había nacido muerto. Joas no
quería dar la cara al mundo, simplemente quería estar allí de espalda, casi escondiéndose
con su bebé, al que no quería decir adiós.
Aquella imagen me afectó de inmediato, pues entendí
el dolor de Joas, creo que cualquier mujer que haya perdido un hijo en su
vientre puede entender aquel dolor e impotencia. A diferencia de Joas, yo tuve
la posibilidad de dar la espalda al mundo, esconderme y encerrarme en mi dolor
sin tener que soportar que cientos de personas me vieran con curiosidad y morbo
para entender lo que me estaba pasando.
No quise quedarme mucho tiempo en la casa de
los gorilas y salí con rapidez, naturalmente vinieron luego las preguntas de mi
hija, pues ella quería saber que le pasaba al bebé de Joas, entonces le expliqué
lo más honesta que pude, y le conté que su bebé había muerto, y Joas no quería
separarse del bebé porque eso le provocaba mucho dolor. Carolina a sus cinco años
entiende que es la muerte, le he explicado que todos vamos a morir, como le
paso a su abuelito y a mi amiga Yuli. Pero también le he explicado que después
de la muerte nos volveremos a ver en el cielo, con todos aquellos que hemos
querido y que han partido antes de nosotros.
Naturalmente siempre me pregunta cuando se va a
morir ella o cuando me voy a morir yo, y le digo que espero que ambas muramos
cuando seamos viejitas, pero que eso nadie lo sabe. El tema de la muerte es
algo al que ella siempre le generan nuevas preguntas, como cuando comemos carne
y dice: “¿este animalito se murió?”.
Sin embargo, no he sido capaz de contarle que también
dos hermanitos suyos han muerto en mi vientre, porque sinceramente no sé cómo
explicarle esto, quizás cuando este más grande pueda explicarle, pero por ahora
no encuentro las palabras y la forma. Esta es la primera vez que me atrevo a
escribir acerca de lo que significa perder un bebé, y la triste experiencia de
Joas me ha abierto la posibilidad de hacerlo. Es como si ocultarlo fuera lo más
seguro posible, la perdida de mis bebés solo la conocen pocas personas, pero en
el último año me he atrevido a compartirlo con otras mujeres, y para mi
sorpresa la mayoría de ellas ha pasado por esta terrible experiencia.
Cuando pasé por mis perdidas, traté de llevar
un duelo, lo compartía naturalmente con mi esposo, pero el nunca podrá entender
la dimensión de lo que significa como madre atravesar por esa tristeza y desolación,
algo que me ayudó en su momento fue escribirles una carta a esos bebés que no
llegaron a nacer y tratar de despedirme de ellos de alguna manera.
Mis hijos Carolina y Mateo son ambos bebés arcoíris,
llegaron luego de una perdida, y me gusta pensar que sus hermanitos también
viven en ellos y son angelitos que los cuidan; y que como le digo a Carolina algún
día estaré con ellos en el cielo.
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