¿Cómo se empaca una vida en una maleta? ¿Cómo se empieza de cero sin dudar si es la decisión correcta? Migrar es un conjunto de dudas, una serie de decisiones que a veces pesan; es dejar a la familia y amigos atrás, es extrañar cada reunión, cada fiesta, cada cumpleaños al que no vamos a estar con esa persona y preguntarnos si la vamos a abrazar otra vez.
Hoy, hace 14 años decidí emigrar a Alemania, inicialmente por una maestría de dos años, que, por circunstancias de la vida, hicieron que mi estancia se prolongara hasta optar por una residencia permanente. Después de un par de años en Alemania, decidí volver a emigrar y construir una vida en Suiza. Hace 14 años no lo pensé mucho, quizás la juventud y el hecho de que no tenía mucho que perder, sumado a las ansias que tenía por descubrir el mundo, me hizo dejar mi país más fácilmente de lo que hoy a mis 40 años sería más complicado de enfrentar.
Cuando emigré, entendí que la vida en mi país siguió sin mí, que las distancias físicas sí pesan, y aquellas amistades que creí que eran fuertes se fueron debilitando lentamente hasta que simplemente quedaron virtuales, con esporádicos "likes" en alguna que otra red social.
Sin embargo, algunas amistades sí siguen ahí, a pesar de la distancia y el tiempo, y aunque el contacto no sea permanente, en la siguiente oportunidad de encuentro, me doy cuenta de que la química y la complicidad siguen intactas a pesar de las fronteras.
Emigrar ha sido un viaje interior, en donde me empecé a conocer profundamente, donde descubrí que soy más fuerte y valiente de lo que pensaba, y que soy capaz de lograr cosas que nunca imaginé. He acumulado batallas, algunas victoriosas y otras desastrosas; ha sido poner a prueba mi ego, darme cuenta de que lo que era en mi país de origen ahora puede ser insignificante, y que aquí era necesario construir un nuevo yo, que naturalmente implicaba empezar de cero.
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